Frankenstein y la Eterna Resurrección de su Monstruo (III Parte)
La movilidad de los zombies está influenciada por el diseño del Monstruo de Frankenstein.

Frankenstein y la Eterna Resurrección de su Monstruo (III Parte)

Las adaptaciones contemporáneas de Frankenstein intentaron deshacerse del afán caricaturesco de la criatura y trataron de otorgarle un poco más de personalidad e importancia. La criatura ya no se convirtió en una mera representación o un disfraz; tenía sentimientos, un sentido, un objetivo o formaba una parte importante de la trama.

El Monstruo de Frankenstein pasó por diferentes etapas a través de la literatura, el teatro, el cine y la televisión. Los diversos artistas y medios de comunicación determinaron sus características físicas y psicológicas que le hacen una criatura única y le convierten en un monstruo clásico del terror. Estas características permitieron a los creadores de diversos géneros dar origen a nuevas criaturas con características similares, un detalle de personalidad heredado con efectividad probada en la audiencia.

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Véase También

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Como una postura profundamente personal podemos notar que, a lo largo de las obras contemporáneas, existen ciertas similitudes del monstruo de Frankenstein con otras criaturas de la ficción, no necesariamente en el género de terror. Y es que estas características de personalidad propias del monstruo de Frankenstein son evidentes y trascienden la memoria colectiva. Me atrevería a decir que los artistas de diversos géneros y temáticas se motivaron a crear personajes similares porque sus obras ameritaban un personaje de características como las del monstruo de Frankenstein.

Tenemos, por ejemplo, a Largo de La Familia Addams (The Addams Family, 1964-1966), un mayordomo de gran tamaño, delgado y con los ojos hundidos. Su apariencia carente de viveza, la extremada lentitud del lenguaje y los movimientos lentos nos hacen recordar a un muerto levantado de la tumba. Sin embargo, la cara cuadrada y demacrada, el cabello corto y lacio, la altura y la fuerza son elementos que nos recuerdan al monstruo igual a las primeras adaptaciones cinematográficas.

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Ted Cassidy en el papel de Largo. La Familia Addams, 1964-1966.

Si seguimos en esta senda, los realizadores se han servido de la estética de la ciencia ficción para crear criaturas poderosas, rápidas y terriblemente atemorizantes, a pesar de que su contexto o su entorno no lo dispongan así. Tenemos a nuestro querido y adorado monstruo verde, Hulk (Lee y Kirby, 1962. Marvel Comics), es un hombre que ha sido alcanzado por un desastre nuclear y que lo convierte en un monstruo semi-inteligente, malhumorado, verde, extremadamente fuerte y ágil. La estética de su rostro cuadrado, el enorme tamaño le convierten en una mezcla de Mr. Hide con el monstruo de Frankenstein, listos para salvar a los seres humanos de la injusticia.

Ahora bien, es evidente que la estética de los resucitados de la muerte es parecida en la mayoría de las obras de fantasía y terror. Los zombies de George Romero en La Noche de los Muertos Vivientes (The Night of the Living Dead, 1968), por ejemplo, tienen la misma apariencia lenta y tosca; aunque caníbal, más agresiva y completamente estúpida. Otro ejemplo de esto sería la estética similar de los hombres cosidos, lentos, estúpidos y asesinos de los resucitados de Re-Animador (Re-Animator, 1985), obra basada en la serie cuentos de H. P. Lovecraft sobre Herbert West: Re-animador. De hecho, estas y otras obras nos sugieren que los zombies, y su amplio género, son los grandes herederos de la estética cinematográfica de Frankenstein gracias a las referencias temporales. En otras palabras, podremos decir que los zombies son los hijos de la criatura de Frankenstein, así como los resucitados y esperpentos de tipo "zombioide" de los tiempos modernos. Al parecer de los realizadores, el volver de la muerte se ha convertido en sinónimo de lentitud similar a cómo nos levantamos en las mañanas para ir al trabajo.

Sin embargo, no es solo la estética la que ha perdurado en el tiempo, sino también los contextos de la ciencia ficción que han creado criaturas peligrosas, en un afán de avance científico para la humanidad. El personaje de Dren (Splice, 2009) es una criatura creada con fines científicos a fin de probar mejoras en la genética humana. Sin embargo, el poco entendimiento de su comportamiento y el desorden hormonal que experimenta la convierten en un monstruo arrasador del cual es mejor estar lejos.

El legado del Monstruo de Frankenstein

Frankenstein y su monstruo han servido como fuente de inspiración para decenas de artistas y realizadores que vieron en la criatura repugnante una joya de la ciencia ficción, el terror y el drama. Sin embargo, pese al contenido trágico y humano  de las emociones humanas sobre el rechazo y la venganza, ya no logramos identificarnos con los sentimientos del monstruo de Frankenstein ni con el creador ni con los personajes ni los ambientes, lo más llamativo de la obra original de Shelley. Por otra parte, el terror que pudimos sentir con un monstruo imparable de una fuerza tremenda tampoco existe, pues se ha convertido en una criatura de lo más inofensiva gracias a las caricaturas que se han hecho de ella. Personalmente, le echo la culpa a las adaptaciones. Es que las adaptaciones han sido fatales en varios sentidos en la forma en como el monstruo se ha transformado en una caricatura. Esto sigue un cierto patrón, en orden, que es conveniente analizar. Primero, las numerosas adaptaciones obedecen a la necesidad de la industria de la creación, fundamentalmente el cine, donde se busca asegurar las ventas y las visitas de la audiencia a través de remakes de clásicos. Como todos conocen de qué trata Frankenstein y todos conocen al monstruo, la audiencia paga por revivir la magia de una excelente historia. Material hay de sobra. No obstante, la historia no puede mantenerse invariable, debido a que la monotonía que generaría ver una y otra vez la misma obra, pero con otros actores podría suscitar un desinterés del público. Por otra parte, las normas morales y condiciones sociales que expone el libro parecerían anticuadas y atrasadas para tiempos modernos. Por ende, no sería una obra efectiva en forma dramática. Luego, en segundo lugar, los creadores deben adaptar el material conforme al debate moral propio de la época en la que se realiza la adaptación, muy diferente a la época original del libro. Debemos recordar que son casi 2 siglos y las formas de pensar han cambiado durante este período, así como las tendencias y las modas de cada época y que marcan las obras en lo que los artistas podrían definir como su "actualidad”. Entonces, conforme a la actualidad del período, el discurso cambia y la obra se deforma para satisfacer esta necesidad. En tercer lugar, tenemos una gran crisis en la forma en cómo se muestran las ideas de parte de los creadores. Es evidente la falta de originalidad en el drama o el exceso de originalidad en lo superficial, sobre todo en crear aquellas obras que obedecen a la necesidad de asegurar un hit. Por tanto, se ha deformado el contenido de la obra de forma irresponsable, cada vez más superficial. Se cae en el error de la tendencia en vez de explorar valores atemporales como la responsabilidad en los alcances de la ciencia y el progreso, y la soledad que provoca el rechazo de las personas cercanas en pleno s. XXI. Sería injusto decir que las numerosas adaptaciones han sido totalmente malas con el tratamiento del monstruo. La obra ha trascendido pese a los años y se ha convertido en una especie de mito urbano, una parte central de la cultura colectiva gracias a la gran exposición que ha tenido. Y lo que es mejor, aún se mantiene vigente. Podemos contar a los niños que existe un monstruo de cabeza cuadrada con tornillos en la sien, torpe, verde y extremadamente fuerte que los va a perseguir porque esa es su naturaleza. A todos lados que vayamos, sabemos que el monstruo de Frankenstein, mal llamado Frankenstein hasta el día de hoy, es sinónimo de repugnancia, muerte y peligro, características que definen a un monstruo de terror. El monstruo de Frankenstein nos pertenece a todos, es parte de nuestra memoria. Resucitará una y mil veces mientras seamos capaces de admirarnos ante un gran personaje de la literatura de terror y ciencia ficción. ¿Podría Mary Shelley, una chica de 19 años, saber cuán importante sería su experimento científico? Científicos han buscado toda la vida trascender en la humanidad, creando algo mejor. Entre ellos, artistas tomaron su lugar y les inspiraron.

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