Hay un monstruo debajo de mi cama
niño escondido del cuco niño escondido del monstruo el monstruo te va a comer

Hay un monstruo debajo de mi cama

Asustadores de niños que se esconden en las casas

—El monstruo se come a los niños que no duermen. Si… —mamá se levanta con los ojos como platos buscando en toda la habitación—. ¡Lo he visto! Está aquí cerquita, mirándonos con sus enormes ojos de monstruo peludo.

—¡Mamá!

—¡Duérmete que te va a comer! —apaga la luz.

Diálogos como el anterior era la forma en como nuestros padres nos mantenían controlados para que no hiciéramos tonterías. A veces, para que los dejáramos solos en durante las noches. Y uno, niño con drama y miedo, cerraba los ojos, se dormía y punto. Eso o un final desgraciado a manos de un monstruo asustador de niños.

Desde niños creímos en la existencia de monstruos feos que nos iban a comer, a esclavizar o a hacer cualquiera de sus fetiches raros de monstruo, gracias los cuentos de terror que nos contaron nuestros padres. Estos monstruos, sin respeto alguno y sin pedir permiso, se instalaron dentro de nuestra casa y nos esclavizaron dentro de nuestros cuartos, haciendo mella en nuestra mente gracias a la tremenda actividad imaginativa de los niños. Sólo nuestros padres podían verlos, pero eso bastaba para que creyéramos. Nuestras mejores herramientas para proteger nuestro refugio, también proporcionadas por nuestros padres, fueron usar las sábanas protectoras de nuestra cama, amuletos colgantes, canciones de cuna y nuestros osos de peluche (AKA orden salvadora de niños indefensos desde tiempos inmemoriables).

Nos creímos todo porque a esa edad todavía no somos capaces de diferenciar la realidad de la ficción. Los cuentos de terror, desde siempre, han sido herramientas que utilizaban los padres para controlar nuestros hábitos, evitar situaciones que nos pusieran en riesgo o, simplemente, no hiciéramos tonterías. Historias traumáticas al servicio del control, como las noticias que pasan por la TV. Hay quienes afirman que también lo hacían para enseñarnos cosas que los padres no pueden explicar.

¿Cómo es que nuestros padres, adultos crueles, violentistas a favor del patriarcado opresor de las historias de terror nos causaban miedo, se volvieron voces autorizadas para afirmarnos todas las cualidades maléficas de los monstruos que viven en nuestra propia casa y que se comen a los niños?

 

Bad Boys is in tha house

Sacado del mejor manual de psicópatas, existe un tremendo imaginario de monstruos que atraviesa generaciones. Este imaginario podría ser clasificado como un género propio (cita: Género de Terror para niños). Este imaginario nutre de gran cantidad de historias que los padres pueden contar para asustar a sus niños.

La historia más conocida en Latinoamérica debe ser la del Cuco (Coco, Cucuy, Cucu), el rey de los asustadores de niños puertas adentro. Para muchos es el primer cuento de terror que escuchamos en nuestra vida.

Es muy antiguo: la historia dice que el Cuco es un espíritu que tiene más de cinco siglos de vida cuyo posible origen estuvo en tierras musulmanas, en un intento de crear consciencia en los niños. Otro origen posible se atribuye al mito de las cabezas cortadas de los celtas, ritual donde cercenaban la cabeza de sus enemigos cuyo interior albergaba el alma y servía como trofeo. De allí que una de las descripciones especifica que el Cuco tiene la forma de una calabaza o nabo hueco con tres orificios: dos ojos y una boca, aunque en Portugal se lo representa con la forma de un dragón. En América latina, en cambio, los conquistadores portugueses le pusieron coco al fruto de la palmera en honor a la forma ahuecada con los tres orificios del fruto.

Sin embargo, no es la forma indefinida del Cuco la que aterroriza a los niños, sino terrible poder que tiene: Su predilección es llevarse a los niños que no duermen durante la noche. Es capaz de permanecer invisible, así que los padres no son capaces de verlo (que no te engañen). También se dice que aparece durante las noches de luna y se lleva a los niños en un saco para hacerlos jabón, una similitud con el Sacamantecas.

Se esconde en los rincones oscuros de la casa: el armario, detrás de la puerta, debajo de la cama, etc. Aunque hábitat preferido es el cuarto de los niños.

La variante gringa del Cuco (porque este es un engendro de raza) es el Bogeyman. Al igual que su contraparte latina, el Bogeyman no tiene forma definida, no obstante, se le describe como un monstruo que se esconde detrás de la típica sábana con hoyos para los ojos o como un monstruo que tapa su cabeza con un saco de arpillera y que ha recortado hoyos para los ojos en el rostro. Es posible que nunca te enteres si te encuentras al Bogeyman pidiendo dulces para Halloween. Otra característica que se le atribuye es tomar la forma de la cosa que más temen las personas. Ataca a los niños que se portan mal y también vive en los rincones oscuros al interior de las casas, pero cuando está aburrido sale y araña las ventanas por el exterior. Lindo de su parte.

Los cuentos de terror más antiguos mencionan a una criatura que sería el origen de ambos asustadores, Cuco y Bogeyman, debido a su gran similitud.

cuentos de terror
El Bogeyman no tiene forma

El Boggart es el típico duende que merodea al interior de las casas. Proveniente de Escocia y se dice que proviene de un espíritu maltratado que se volvió malévolo. Los Boggarts domésticos que viven al interior de las casas: los armarios, los cajones, detrás de la puerta, debajo de la cama, las esquinas oscuras, los sótanos, los desvanes, detrás de las bibliotecas, etc. Les encanta la oscuridad, por lo que solo salen de noche. También tienen un gran sentido de la familia unida, porque jamás podrás deshacerte de uno aunque te cambies de casa. Cariñosos, ¿no? A pesar de esto, se dice que los Boggarts más malévolos viven en los caminos y asustan a los viajeros. Podrían ocasionarte alguna heridita suave que te deje con medio pie dentro de un cajón.

Los Boggarts se han descrito como duendes pequeños, feos y peludos, con manos y pies enormes -desproporcionados del resto del cuerpo- y que visten harapos. Pueden tomar forma de esqueletos, animales, demonios o humanos. Eso que dicen que los Boggarts toman la forma de lo que la persona más teme (como en Harry Potter) es mentira, pues no existe evidencia que sustente dicha invención de J. K. Rowling.

Normalmente, les gusta andar de incógnitos en las casas gracias a la habilidad de invisibilidad que poseen. Pero, ¿cómo sé que tengo un Boggart en la casa si no lo puedo ver? Atento: Si tus puertas se cierran solas de golpe, se apagan las velas de repente, desaparecen objetos o herramientas o se oyen ruidos en la casa, es que tienes un Boggart dando vueltas cerca. No, tu mamá no cuenta como tal. También asustan a los perros, agrian la leche (excusas para los que no saben cocinar ni un vaso de agua) y asfixian a los bebés y niños pequeños.

El último asustador que vamos a describir de esta familia de asustadores es Huesos Sangrientos. Es otro asustador de origen anglo similar a todos los que vimos. Se le caracteriza como un duende de gran cabeza y que tiene los huesos sangrientos (vaya imaginación). También se le describe como un monstruo horrible cuya cabeza tiene la forma de un cerdo despellejado. Su mito surgió en el siglo XVI en Inglaterra, Escocia e Irlanda, bajo el reinado de Eduardo VI y pretendía asustar a los niños. Algo pasaba por el 1500 que había que controlar a los niños a punta de miedo.

Originalmente era un monstruo acuático que vivía en pantanos y estanques, aunque también se dice que vivía en armarios oscuros o debajo de las escaleras. Si lo veías de improviso, podrías encontrarte con el monstruo sentado en un montón de huesos de niños que dijeron mentiras o malas palabras.

 

Luz. Cámara. ¡A comer!

Existen innumerables menciones sobre esta familia de asustadores “puertas adentro” en la ficción. No obstante, me centraré en obras cuyos monstruos son el eje central de la trama.

El primer asustador estrella que viene a mi mente es el monstruo del armario, amado por la comunidad LGBT al salir del clóset (literalmente). The Babadook fue una película australiana escrita y dirigida por Jennifer Kent y estrenada el 2014. Una madre experimenta una tensa situación familiar producto de la aparición de las pesadillas y el mal comportamiento de su hijo. Tampoco ha podido sobrellevar el luto correspondiente a la muerte de su marido. Un día ambos leen un cuento titulado The Babadook que narra la vida de una particular criatura con traje que sale del closet y que amenaza con matarte. De ahí en adelante, una serie de sucesos extraños comienza a tomar parte, donde el Babadook amenaza con terminar con la vida del niño y de su madre. Es una película sobre la unidad familiar, el luto y los monstruos que atacan la consciencia de las personas, niños y adultos, y que podría llegar a acabar con la sanidad mental de los individuos.

Por otra parte, La Puerta del Miedo (Boogeyman), película estadounidense dirigida por Stephen T. Kay en 2005, hace referencia al Bogeyman que hemos hablado. Trata sobre un joven con un miedo terrible a la oscuridad y a los lugares cerrados, como los armarios. Su niñez no fue de las mejores: Su padre fue asesinado frente a sus ojos por el Boogeyman. Luego de la muerte de su madre, internada después de la “desaparición” de su padre, deberá volver a su antiguo hogar y enfrentar a los armarios y al Boogeyman. El tema es la confrontación de los miedos de la niñez y cómo nos forman (o nos deforman) a lo que somos en la adultez. Las referencias de esta película no fueron buenas por considerarse lenta y con pocas sorpresas. En mi opinión, es una película bien fabricada pese a escenas que sobran, es ordenada y maneja bien las atmósferas de tensión sin tener que desplomar sangre a todos lados.

Si hablamos de asustadores al interior de la casa, revisemos algunos cortometrajes excelentes que retorcerán del miedo. El primero es Lights Out, cortometraje dirigido por David F. Sandberg en 2013 y que luego daría origen a la película homónima Cuando las Luces se Apagan (Lights Out, 2016), escrita y dirigida por el mismo Sandberg. La película no trata de un asustador así que nos olvidaremos de ella (quizás no nos cueste mucho). El cortometraje se basa en el terror que siente una mujer al apagar las luces y al terror inminente que la ataca en la ausencia de luz.

Podemos notar la atmósfera de tensión pese a no tener una sola palabra y la habitación. El juego de luces y la actuación nos hace recordar el momento en que éramos niños y no queríamos salir de la cama porque teníamos mucho miedo. Sé que algunos todavía se sienten identificados.

El segundo cortometraje que muestro es Tuck me in (Arrópame), dirigido en 2014 por Ignacio Rodó. El vídeo muestra a un niño que pide que su padre lo arrope antes de dormir. Trata sobre los peligros que corren los niños mientras no estamos viendo. Sin decir más, te dejo el vídeo desde el mismo canal de Youtube del director.

En los libros de Terror duro y puro, destaco El Armario, novela de terror de Gorka Irigoyen, escritor español. El libro cuenta con crudeza la historia de una familia que sufre las consecuencias de la cesantía en España, cuyo jefe de hogar debe luchar para mantener a su hijo, su mujer y una hija postrada en cama. Al interior de la casa donde han sido forzados a vivir, vive un monstruo en el armario que amenaza con romper la tranquilidad de la familia, y sus cuellos.

Por último, un cuento de terror fenomenal que habla sobre los peligros al interior de la casa, aunque no sea un asustador de niños propiamente tal. Hablo de El Horla, relato de terror de Guy de Maupassant,  escritor francés especialista en temas de locura y muerte. El cuento trata sobre un hombre que siente que un ente extraño convive con él en su casa. A través de la historia se descubren las causas por las que el ente vive al interior, totalmente invisible, y seremos espectadores de cómo la tensión afecta la sanidad mental de aquel hombre.

 

Ahora adulto, ¿aún con miedo?

Una vez que comprendemos que los monstruos existen en la ficción ya casi nos olvidamos de los temores. Somos libres de los monstruos y de nuestros padres, aunque no del todo. No me mientan, yo sé que algunos aún le temen a la oscuridad o, cuando terminan de ver una película de terror, apagan la luz corriendo antes que “algo” los alcance.

Los miedos cobran gusto para los corazones ávidos de adrenalina. Luego, cobrarán importancia cuando queramos tener a los niños controlados para que obedezcan nuestras órdenes. OK, no es para nada una buena estrategia, los niños pueden sufrir traumas terribles con los monstruos.

A decir verdad, es injusto que los adultos inventen este tipo de cosas. ¿No habrá alguna forma de controlar a los padres mediante cuentos de terror que no les dejen dormir? Existen formas además de las películas, pero eso no es materia de este post.

Que tengan dulces sueños (o el Cuco se los va a comer).

Películas y Series citadas en este Post:

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