El abuso del susto como recurso en el terror contemporáneo

El abuso del susto como recurso en el terror contemporáneo

¡Gritos!

Para muchos espectadores de películas de terror, los gritos son la expresión máxima del miedo. He escuchado a jóvenes que dicen “oh, la película es muy buena, ¡salté todo el rato!”. Y se alegran, pues la película ha cumplido con sus expectativas. Se han asustado y han gritado hasta el cansancio. Pero, ¿el público realmente se ha aterrado? ¿Por qué, en ese caso, también escucho más y más personas que se quejan que las películas de terror actual son malas?

Contextualicemos. Estamos sentados en la butaca, a oscuras, pareja al lado (obvio, salvo los cojonudos que vamos solos a llorar), y con la atención puesta en la siguiente escena:

Nuestra protagonista, una guapa ejecutiva, camina a través del pasillo hacia la oficina de su jefe. Es de noche, solo están ellos dos. Estamos atrás de ella, mirando lo que ve, caminando tras sus pasos. Ella sabe que su jefe tiene ‘gustos particulares’. Algo peligroso ocurrirá, solo que no sabe qué. El pasillo está oscurecido y las luces titilan mientras avanza.

 

Ruidos de viscosidad detienen su marcha. Toma aire y continúa. Hasta la música ha sido silenciada, solo oímos su respiración leve para no despertar nada. Atraviesa la puerta.

 

No hay nada. Relajada, toma aire y sonríe, son cosas suyas. Quizás ha ido al baño y todo es una locura…

 

¡PAM! Su jefe cae del techo amenazante. Es un monstruo verde con unos tremendos colmillos que atraviesan sus labios, ojos amarillos felinos y piel purulenta llena de espinillas. Y ella grita sabiendo que no hará nada más en los segundos que le restan de vida.

Lo más probable es que saltemos de la butaca. Al menos, yo sí lo hago cada vez que hacen esto. Y es terrible, la gente se ríe.

Esta escena es una escena-tipo de las películas de terror modernas. En vez del monstruo verde del jefe puede ser un zombie, un vampiro, el monstruo debajo de mi cama, etc. La escena es casi siempre la misma: silencio (o música tenue) y luego, de la nada, aparece una aberración al frente tuyo co un terrible ruido de alto volumen que, si no te asusta, te dejará sordo.

El Susto

Es el gran recurso de las películas de terror modernas. Se define así:

a. Impresión repentina causada por miedo, espanto o pavor. 

b. Preocupación por alguna adversidad o daño que se tiene.

(RAE)

Como ven, el susto es sinónimo de la sorpresa; de hecho, yo lo definiría como “una sorpresa negativa que provoca miedo“. 

Volvamos al ejemplo del jefe monstruoso. Cuando aparece, es normal sentir un “poquitito” de miedo por la sorpresa de ver algo tan asqueroso y amenazador. O saltarás por la alarma. Al menos dirás: “guau, es novedoso“. Ahora imagina que revives la escena una vez más. Y, luego, otra vez. Y otra vez. Y otra vez más. Y la venganza. Y el refrito. Recargado. En fin, muchas veces más. Cada vez que aparece es menos sorpresivo. Al final, ya te dan ganas de decirle al monstruo que se lave los dientes y haga una máscara facial o algo para solucionar su problema de fealdad.

Como lo dije, es el gran recurso del cine de terror moderno. Es obvio que se use tanto.

El problema de estos recursos tan usados es que cada vez que se usan con más frecuencia son menos sorpresivos. O sea, cada vez que nos asustan saltamos menos de la butaca. Esta es la razón por la que los amantes del cine de terror ya no nos gustan estas películas. Nos asustan pero no nos aterran, es decir, ya no nos causan terror ni horror. Por ende, cada vez las disfrutamos menos, salvo que te gusten los sustos.

El mal de las grandes producciones

El recurso susto es algo habitual en las grandes producciones norteamericanas. La razón de esto es que el susto es una forma fácil de “engañar” al público haciendo creer que están aterrados cuando no es así. De hecho, los espectadores más jóvenes creen que el terror (o el cine de terror) son los saltos de la butaca o jumpscares, una muestra de la terrible prostitución que domina al género

Algunos realizadores aseguran que producir películas de terror requiere poca inversión, pues las ganancias están aseguradas en cada estreno. Esto se debe a que el cine de terror tiene a su nicho fiel asegurado que jamás falla, categoría en que estamos muchos de nosotros, los decepcionados (y fieles a morir). Negocio redondo que siempre da créditos a costa de un recurso abusado. Según el sitio Fotogramas.es, el marketing hace maravillas y nosotros seguimos cayendo.

Juegan con nuestra esperanza y vamos a la sala. Sí, nosotros también tenemos la culpa de que el cine de sustos siga existiendo.

¿Y qué ocurre con el cine de autor? En mi opinión, creo que el cine de autor tiene la gracia de poder innovar gracias a su extremo control sobre la obra final. REC (Paco Plaza y Jaume Balagueró, 2012), Anticristo (Antichrist. Lars von Trier, 2013), Voraz (Raw. (Julia Ducournau, 2016) y La Bruja (The Witch. Robert Engels, 2017), entre otras; películas terroríficas al extremo de ser maravillosas, algunas de bajísimo presupuesto. No obstante, estas películas rara vez ocupan la tribuna de un cine comercial y son menos promocionadas que las grandes producciones, lo que resulta en un encarecimiento del arte en favor del susto. “No pagan“; esa es la excusa. 

En Chile, por ejemplo, no puedo ver la película Trauma (Lucio A. Rojas, 2017) porque los cines comerciales simplemente no quieren exhibirla a diferencia de Argentina y México, donde sí se exhibe. 

Ahora, la regla tampoco es absoluta. Es posible encontrar obras calificadas de autor o independientes que se dejan influenciar por la técnica del susto fácil. Ya se me viene a la mente Videoclub (Pablo Illanes, 2013) o (09) (Javier Aguirrézabal, 2014). Así que ver una película independiente, de autor, o una de gran producción no significa, necesariamente, una obra de terror que escapa del susto.

¿Por qué el cine de Terror ochentero triunfaba?

Seguro que, como fanático, recuerdas a Carpenter, a Craven, a Barker, a Landis y otros tantos directores que nos encantaron haciendo Terror. Estas películas trascendieron en la audiencia, no hay quién no las conozca. Sin embargo, las películas modernas no parecen tener el mismo efecto. Son, más bien, “olvidables”. Al comparar películas de Terror antiguas y modernas, veremos una serie de características sobre la trama, la ambientación y una serie de recursos explicarían esta diferencia. Según mi parecer, los villanos eran la razón principal por la que nos sobrecogíamos cada vez que veíamos una película de terror de antaño. 

Los villanos eran el foco de nuestro miedo y manejaban todo, desde el ambiente hasta las acciones. Haz memoria: cuando hablamos de películas clásicas, hablamos de Frankenstein, de Drácula, del Hombre Lobo (clásicos de la Universal), así como también hablamos de La Cosa, Freddy Krueger, Jason Vorhees, Mike Myers, Leprachaun, etc (clásicos ochenteros). Estoy seguro que los conoces a todos y a muchos más. ¡Los villanos de las películas de terror de antaño eran el centro de atención de la obra!

Estos villanos tenían personalidad y motivaciones claras, por más distorsionadas que estas fueran. Su nombre era sinónimo de peligro. No era necesario que aparecieran de repente para asustarte, su sola presencia te intimidaba. Es más, pensar en ellos ya era motivo suficiente para preocuparnos. Sabíamos qué buscaba y que, en muchos casos, lograría su macabro cometido. Imparable. Esto motivaba a los personajes a combatir al mismo mal o morir en el intento. Bueno, no es que pudieran hacer otra cosa…

Ahora los villanos memorables son escasos. A pesar que conservamos a Jigsaw y Anabelle (ambas creaciones de James Wan), los villanos fueron reemplazados por antagonistas débiles, oportunistas del susto, y situaciones que se enfocan más en el discurso de lo correcto que en el ambiente aterrador.

El alcance de los Sustos

En la literatura no tenemos esa forma de asustar tan repentina, a no ser que el libro tenga una imagen realmente perturbadora. Aun así, la sensación del susto ya no sería lo mismo. 

La literatura de terror se nutre, fundamentalmente, de la imaginación del lector al traducir cada una de las palabras, oraciones y párrafos dispuestos en el papel a fin de recrear una escena mental. Esta escena mental de terror te provoca para que te sientas inquieto ante la sensación de algo amenazante alrededor. Dicho de otra forma, estás alerta porque los peligros no salgan del libro. La recreación de estas escenas siempre es pausada, cada palabra puede cambiar por completo el significado del escenario que estamos recreando. 

Esta característica de pausa es la que quita la gracia al susto, pues le quita propiedad. Como el susto es un efecto inmediato por carácter repentino, es imposible que algún cuento o alguna novela de terror te asuste. En otras palabras, no debería existir el susto en la literatura. Sin embargo, la característica descriptiva del terror en la literatura es la que te mantiene inquieto y se muestra perdurable. Hasta el día de hoy existen relatos de terror capaces de erizarte los cabellos y que sientas “un gusano frío y viscoso subiendo por tu espalda”.

¿Cuántas películas de terror sabes que se han adaptado de las novelas? ¡Muchas!

Para asustar solo debes tener en cuenta una aparición grotesca, repentina y de alto volumen que active tu alarma de peligro, muy propio de lo audiovisual. Aterrar y horrorizar es algo más complejo, pues son recursos que requieren en gran medida de la preparación del escenario y del alcance del monstruo, respectivamente. Los libros de Terror están llenos de estos recursos. 

La escritura potente se mide en la capacidad de dar a conocer de mejor manera las situaciones que suceden alrededor. Dotan al ambiente de una característica macabra y compleja, mucho más extensa que el susto. Puede ser una de las razones por las cuales adaptar libros de terror a películas resulte tan lucrativo, como lo son los libros de Stephen Kingaunque no siempre sale tan bien.

Por otra parte, los videojuegos tampoco escapan a la poca creatividad del género de terror al momento de producir sustos. Las críticas apuntan, de forma similar al cine, a que los videojuegos de terror de antaño sí producían terror a diferencia de los screamers de ahora. El principal problema es la falta de creación de atmósferas y situaciones que aterren al espectador, no solo lo asusten.

En conclusión, el guión de cine y el guión de videojuegos también requieren de una escritura potente en su fase de creación. En el sitio kotaku.com encontramos una cita interesante sobre la diferencia entre el susto y el horror en los videojuegos. A mi parecer, un comentario transversal a cualquier tipo de arte de terror.

¿Prohibido asustar?

No sé si en realidad deba estar prohibido. El cine tiene ciertas particularidades para narrar las historias. Provocar los sustos es una de esas particularidades, cosa que no posee la literatura.

Una buena situación, un contexto de terror o un personaje memorable siempre será mejor y dará más fuerza al objetivo principal del terror: causar miedo. No obstante, a veces un sustito es efectivo para ponernos en ambiente. Dependerá del contexto. Quizás sea mejor que realizadores y autores aprendamos a usar el recurso susto con mucho más cuidado, sin perder de vista el objetivo de causar terror. 

Para todo realizador, una memorable es lo mejor que puedes hacer, así como hizo King o BlattyNo vaya a ser que nos terminemos decepcionando como audiencia y ya no queramos consumir más del mismo terror o, mejor dicho, una película de susto.

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